OPINION. Irse a La Convergencia sería una mala crianza.

OPINION. Irse a La Convergencia sería una mala crianza.

POR ORLANDO GIL

EL FRACASO.– El fracaso de la  Convergencia sería la salvación del PRD, ahora que se lo disputan Hipólito Mejía y Miguel Vargas, del mismo modo que la falta de arraigo del BIS y del PRI evitó que desapareciera en época de José Francisco Peña Gómez y Jacobo Majluta. Los perredeístas tORLANDO-GIL-DIJCLK.ienen mala memoria, o el olvido les permite ser como los chivos de la loma: libres, desordenados y sin dueño. La experiencia, exceptuando al PLD, es de que sus desprendimientos no logran sustento propio ni  vida larga. Los dirigentes o miembros que se van, vuelven, y lo hacen por la puerta que da a la calle, o por el patio, incluso brincando empalizadas y en noches oscuras. Irse a La Convergencia sería un acto de mala crianza, como el muchacho que tiene guantes, bates y pelotas, y que si no lo dejan jugar la posición que quiere, recoge sus utensilios y abandona el solar, dejando a los compañeros de juego con la cara larga…

SIN NOMBRE.– Sería incalificable que los perredeístas que se oponen a Miguel Vargas levanten tienda aparte o se asocien con extraños en una aventura impredecible, solo porque Hipólito Mejía quiere ser candidato en el 2016. Vale recordar que lo fue en tres ocasiones, que ganó en una y que 333 satisface como promedio. Incluso, si se quiere ser mezquino, puede decirse que su triunfo del 2000 fue de circunstancia, que se benefició de un “dejen eso así” pronunciado  en la intimidad por un árbitro de ocasión. Igual, que su presidencia no fue la mejor, y que en balance, su administración, es la peor entre gobernantes perredeístas. La última encuesta Gallup lo colocó por debajo de Antonio Guzmán, pero también de Salvador Jorge Blanco. No tiene por tanto sentido y habría que considerar como un capricho la insistencia en ser candidato, llevando su afán a extremos de locura. Creerse dueño de una mayoría que no acaba de salir a las calles, ahora que la convoca, o que los votantes del 2012 se mantienen fieles y unidos, esperando su toque de trompeta, no es ni siquiera un sueño. Es una ilusión…

NUBE Y REALIDAD.– Estas apreciaciones no son del columnista, sino de muchos perredeístas que están bajándose de esa nube y viniendo a la realidad, como si fuera el bolero. Perredeístas que recuperan cordura y sensatez y se dan cuenta que, en relación a sus intereses, La Convergencia es un negocio de capa perros. Que los espacios ganados en buena lid van otras manos, como ocurre en el actual proceso de renovación de frentes de masas. En que dirigentes muy acreditados pierden sus galones y de la noche a la mañana se convierten en soldados rasos, sin que por el momento haya posibilidades de recobrar sus antiguas posiciones. Lo que observan no les satisface: Dos personas promoviéndose como candidatos sin oficialmente ser nominados. Una burla a la institucionalidad. El engaño de marchar para no pensar. Mejía puede darse ese lujo, pues ñen cierto modoñ no pertenece al PRD. Como dirían en la calle: “lo fueron”…

LA ALIANZA.-  Esa, sin embargo, no es la situación de los dirigentes que permanecen dentro del  PRD, a pesar de los pesares, y que teniendo partido no tienen que inventar con Alianza Social Dominicana. Otro caso. No acaban de formalizar el paso, y según se comenta en los corrillos políticos, no encuentran el modo. Por ejemplo, se habla de una directiva en que Hipólito Mejía figuraría como presidente y Toni Peña como secretario general. La fórmula luce natural, ya que se piensa que Peña pudo haber aspirado a esa posición ahora que Guido Gómez se afana por la presidencia del partido. Pero igual se dice de Andrés Bautista como presidente y Jesús ñChuñ Vásquez como secretario general. Es decir, que no hay nada definitivo, y los seguidores de Mejía siguen en las mismas: barajando y barajando sin repartir las cartas. De manera que todavía no hay juego, y aunque falta mucho para el 2016, la verdad es una: Si no resuelven entre ellos, no podrán liderar La Convergencia por falta de identidad. Irse del PRD, por tanto, no sería un albur. Sería un suicidio, y ya se sabe que el suicida queda en el limbo y nunca llega al cielo…

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