Mejor trato a los cabildos


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La desigualdad en el acceso a recursos públicos para la sustentación de servicios ha primado por mucho tiempo en perjuicio del Poder Municipal. Sencillamente: el Ejecutivo nacional, con apoyo del Congreso, ha tenido la sartén por el mango. Ostensiblemente, el Gobierno Central retiene ingresos fiscales para alimentar sus propios gastos e inversiones dejando sin el 10% de las recaudaciones que por una ley olímpicamente ignorada debe ir a las administraciones de municipios. Aun cuando la porción de recursos que institucionalmente corresponde sea difícil de aplicar como correctivo por las ya conocidas insuficiencias del Estado, la distribución debería ser más favorable al legítimo y democrático ideal de descentralización de funciones públicas tomando en cuenta las necesidades más perentorias de las localidades provinciales agravadas porque los ámbitos de tributación que por naturaleza más corresponden a las alcaldías para su autosuficiencia, son dominados por la supremacía presidencial.

El injusto tratamiento al sector municipal ha dado pie a un rechazo multipartidario. Ha tenido el excepcional efecto de unir banderías políticas. Los ayuntamientos controlados por los principales partidos, incluyendo al oficialismo, han elevado conjuntamente su voz para demandar más recursos. Sus reclamos deben ser escuchados con atención antes de convertir en ley el nuevo presupuesto.

La opción del “mango bajito”

La rigidez de mantener altos los gravámenes a los derivados del petróleo, descritos por el ministro de Hacienda como decididamente imprescindibles para cubrir gastos del Estado, expresa una vez más la injusta subordinación del fisco dominicano a los impuestos indirectos aplicables a consumos y descritos como regresivos porque afectan más intensamente a los contribuyentes de menor poder adquisitivo.

Sometido a controles efectivos, el mercado de combustibles es presa fácil para que los recaudadores obtengan mediante tributos exagerados parte de los recursos que la indoblegable evasión deja fuera del Erario y que en su mayor porcentaje deberían provenir de quienes más riquezas obtienen a través de una amplia gama de negocios. Su principalía económica, social, y a veces política, les facilita las cosas.